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28-11-2016

Verduras marcianas

Fuente: Pixabay / GooKing Sword

Si algún día el hombre llega a habitar Marte, ¿podrá obtener alimentos en este planeta? ¿Tendrá que transportar desde la Tierra todo lo que consuma o será capaz de cultivar allí sus propias verduras? Y, si logra que las plantas crezcan y den fruto, ¿serán comestibles?

Aunque parezcan preguntas sacadas de una película de ciencia ficción, estos han sido los interrogantes planteados por un equipo de científicos holandeses de la Universidad de Wageningen. Para responder estas cuestiones están llevando a cabo un proyecto que incluye el cultivo de alimentos en un suelo que imita al del planeta rojo.

Fuente: Mars One

Dejando a un lado otros problemas, como los relativos a la falta de atmósfera y campo magnético similar al terrestre y al suministro de agua (que sí parece presente en el planeta), los científicos se han centrado en cultivar en un sustrato con características similares al de Marte, recreado por la NASA. En el suelo “marciano” destaca el alto nivel de metales pesados como el cadmio, el cobre y el plomo, sustancias nocivas para nuestra salud que podrían ser absorbidas por los vegetales.

Pues bien, de los 10 alimentos con los que se está experimentando (verduras y cereales), cuatro han sido ya analizados y los resultados indican que son seguros para el consumo humano. Se trata del centeno, los rábanos, los guisantes y el tomate. Todavía quedan por analizar las cosechas de otros seis, incluidas las patatas.

La ausencia de metales pesados en estos alimentos cultivados en suelo “marciano” constituye un resultado muy prometedor para los científicos. “De hecho, - afirma el investigador Wieger Wamelink - ya podemos comer estos rábanos, guisantes, centeno y tomates, y tengo mucha curiosidad por conocer su sabor”.

Fuente: Mars One

Esta investigación está siendo respaldada, entre otros, por la fundación holandesa responsable de la misión “Mars One”, que proyecta el establecimiento de asentamientos humanos en Marte en 2024. La iniciativa ha tenido gran popularidad: solo en España se presentaron más de 1.500 voluntarios para un viaje sin retorno al planeta rojo. Otras compañías, como la empresa de transporte aeroespacial SpaceX, planean también viajes a Marte para la próxima década.

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10-11-2016

Peces “rellenos” de microplásticos

Fuente: Pixabay / Efes Kitap

Los plásticos son uno de los residuos que están contribuyendo de forma decisiva a la contaminación de nuestros mares. Se trata de un material resistente a la degradación, que permanece mucho tiempo en el agua sin llegar a descomponerse. Y, cuando lo hace, es en forma de micropartículas que, aunque no detectemos a simple vista, están convirtiendo nuestros océanos en una “sopa” sintética de difícil digestión.

Difícil para la propia naturaleza, cuyos procesos biológicos no contemplan la integración de este tipo de residuos, y difícil para nosotros, los humanos, que como parte de ella acabaremos sufriendo (o disfrutando) de su mismo destino. En realidad, ya lo estamos haciendo. Porque, como reza el dicho, “todo lo que el mar se lleva, vuelve”.

Dos recientes estudios del Instituto Español de Oceanografía (IEO) han detectado un alto porcentaje de microplásticos en el estómago de diversas especies comerciales de peces. En concreto, en bogas, pintarrojas, merluzas y salmonetes, capturados en aguas españolas tanto del Atlántico como del Mediterráneo.

El primer trabajo ha sido realizado por investigadores de los centros oceanográficos de Murcia y Vigo del IEO. La investigación se llevó a cabo con muestras tomadas en Baleares y a lo largo de toda la costa peninsular española. En total se analizaron 212 ejemplares de peces de fondo de alto interés comercial: 72 pintarrojas (Scyliorhinus canicula), 12 merluzas (Merluccius merluccius) y 128 salmonetes de fango (Mullus barbatus).

Fuente: IEO | www.ieo.es

Se trata de especies usadas a menudo como bioindicadores dentro del programa nacional de seguimiento de la contaminación marina. Los resultados, publicados en la revista Marine Pollution Bulletin, no dejan lugar a dudas: en el estómago de 37 de ellos (casi en uno de cada seis) encontraron microplásticos.

La especie en la que se detectó mayor cantidad de estos residuos fueron los salmonetes, seguido de las merluzas y las pintarrojas. Por regiones geográficas, la abundancia de plásticos fue mayor en peces capturados en el Mediterráneo (sobre todo en los salmonetes pescados cerca de Barcelona), seguidos por las pintarrojas del Cantábrico y del Golfo de Cádiz.

Por otra parte, investigadoras del Centro Oceanográfico de Baleares del IEO han publicado en la revista Environmental Pollution otro estudio en el que alertan sobre la elevada presencia de microplásticos en el tracto gastrointestinal de la boga (Boops boops), un pez semipelágico común en las Islas Baleares y el Mediterráneo.

Según datos de este estudio, casi el 70% de las bogas presentan fibras de polímeros de plástico menores de 5 mm en sus estómagos. El plástico constituye entre el 42% y el 80% de las presas ingeridas en los peces recogidos en distintas zonas costeras de Mallorca e Ibiza. La variabilidad espacial es alta, sugiriendo que la contaminación difusa por los microplásticos es muy importante, se distribuye ampliamente y proviene de múltiples fuentes.

Las autoras de la investigación, Salud Deudero y Carmen Alomar, afirman que "los resultados son importantes y proporcionan evidencia adicional de la presencia de estos microplásticos en el medio marino, pudiendo ser ingeridos por la biota y transferidos en las redes tróficas". En este sentido, el autor del primer estudio mencionado, Juan Bellas, indica que aunque "no existen evidencias de efectos negativos en la salud humana, sería conveniente estudiarlo".

Fuente: Pixabay / Matthew Gollop

El Instituto Español de Oceanografía considera que estos trabajos marcan el punto de partida de futuros seguimientos de contaminación por plásticos y sus efectos biológicos en el medio marino dentro de la Directiva Marco sobre la Estrategia Marina.

Son, además, un claro aviso de que la contaminación del mar tiene efectos directos sobre nosotros, principales depredadores de las especies que en ellos habitan y, si nos lo proponemos, también sus mejores aliados para frenar la destrucción de su hábitat.

Menos grasa “trans” en nuestros alimentos

Fuente: Pixabay / 18043 | https://pixabay.com/es/users/PublicDomainPictures-14/

Basta escuchar “ácido graso trans” para que nos pongamos alerta. Aunque la mayoría no sepamos definirlos muy bien, sabemos que son perjudiciales para nuestra salud, ya que los asociamos (y con razón) al aumento del llamado “colesterol malo” y a un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares.

Están presentes de forma natural en productos lácteos y carnes, pero los que más nos preocupan son los que se originan en ciertos procesos industriales empleados para obtener alimentos como bollería, margarinas, chocolates, sopas deshidratas y otros productos procesados.

La buena noticia es que en España se ha reducido notablemente el contenido medio de ácidos grasos “trans” de los productos alimenticios, según un reciente estudio de la Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición publicado en la revista Gaceta Sanitaria.

El estudio, en el que se analiza el contenido de ácidos grasos “trans” en 277 de los productos de alimentación más consumidos en los supermercados españoles, indica que la gran mayoría de ellos contienen menos de 0,2 gramos por cada 100 y menos del 2% respecto al porcentaje de grasas totales.

Según los autores de la investigación, estos resultados permiten concluir que el contenido medio de ácidos grasos “trans” de los productos alimenticios en España es bajo y que, en el contexto de una dieta equilibrada, la exposición de la población a este tipo de grasas es mínima.

Fuente: Pixabay / Gefrorene_wand

Los investigadores analizaron en 2015 los niveles de ácidos grasos “trans” por grupos de productos alimentarios y los compararon con los datos obtenidos en otro trabajo realizado cinco años antes. Detectaron así la reducción conseguida en muchos de los alimentos sometidos a examen.

En concreto, aperitivos salados, pastelería y confitería, chocolates, galletas y patatas chips son los grupos que más han reducido su contenido. Incluso comprobaron que algunas de las muestras analizadas (de cereales, galletas, pan industrial y salsa de tomate) no contenían grasas “trans”.

En cuanto a la proporción respecto al total de grasas, fue inferior al 2% en todos los grupos de productos a excepción de los yogures y productos lácteos (2,3%), la mantequilla (2,45%) y los quesos para untar (2,52%).

Los resultados de este estudio son esperanzadores, ya que está demostrado científicamente que el consumo de ácidos grasos “trans” está asociado con varias enfermedades cardiovasculares. Afectan negativamente al metabolismo de las grasas y al equilibrio de las lipoproteínas transportadoras del colesterol, reduciendo las de alta densidad (“colesterol bueno”) y aumentando las de baja densidad (“colesterol malo”). Varias investigaciones los relacionan, además, con otras enfermedades como la diabetes mellitus, el cáncer o el asma.

La formación de ácidos grasos “trans” se produce de forma natural en grasas animales (sobre todo de rumiantes), por acción de bacterias del rúmen. Pero nuestra principal forma de ingerirlos es a través de productos sometidos a tratamientos térmicos prolongados, como la hidrogenación parcial.

Fuente: Pixabay / Freeimages6

Este método se emplea con aceites vegetales y, ocasionalmente, aceites de pescado para lograr que sean más estables y facilitar su solidificación. Las materias grasas así obtenidas se utilizan en la elaboración de bollería y pastelería industrial, preparados grasos para sopas, sustitutos de la nata o en la fritura de patatas fritas, aperitivos y platos precocinados.

Aunque la legislación española no regula todavía su contenido, sí dedica una disposición específica en la Ley 17/2011 de seguridad alimentaria y nutrición a la reducción de los niveles de ácidos grasos “trans” artificiales, fruto de este proceso de hidrogenación parcial de aceites vegetales en la industria alimentaria.

A pesar de los buenos resultados obtenidos en el estudio, sus autores afirman que “la vigilancia periódica del contenido de ácidos grasos trans de los alimentos debe mantenerse. Como un objetivo de salud pública, la reformulación de los productos alimentarios se debe reforzar con el fin de asegurar que la calidad nutricional de los alimentos se mejora”.

La borraja, una "superverdura"

Fuente: Pixabay / Maluba

Mala hierba para unos; verdura fina para otros: la borraja (Borago officinalis) es una planta común en nuestro país cuyas propiedades saludables han sido confirmadas por un equipo de científicos andaluces. Tanto es así que los investigadores la consideran ya un “superalimento”.

Navarros, aragoneses y riojanos lo tienen claro desde hace tiempo. En estas comunidades se considera una verdura más, presente en los mercados y apreciada en gastronomía. La borraja con patatas cocidas, aliñadas con un sofrito de ajos, es una de las recetas más populares para saborearla. La parte más empleada son sus tallos, una vez libres de los pelillos que los recubren. Se incluye incluso entre las verduras habituales para preparar las primeras papillas de los bebés.

Sin embargo, su consumo no es común en otras zonas de España. Lejos de reconocer su valor culinario, en Andalucía está considerada una mala hierba. Para acabar con esta mala fama y hacer de ella una opción más de la huerta andaluza, investigadores de la Universidad de Córdoba (UCO) y del Instituto de Agricultura Sostenible, con apoyo de la Universidad de Cádiz, han realizado un estudio que demuestra sus propiedades saludables.

Y han comprobado que tanto las hojas como las semillas de esta planta contienen ingredientes que las convierten en un “superalimento”, en palabras de María Dolores Lozano, del Departamento de Genética de la UCO. “Es como se conoce aquel producto que aporta propiedades más allá de la mera alimentación”, explica la investigadora.

Fuente: UCO | www.uco.es

El equipo de investigación experimentó con dos partes concretas de la borraja: hojas y semillas. Según explica la Agencia de noticias científicas SINC, las hojas se emplearon primero en experimentos con moscas de la fruta (Drosophila melanogaster), liofilizándolas para lograr su deshidratación sin perder los compuestos bioactivos originales. El trabajo permitió conocer el rango en el que el alimento es recomendable y observar ciertas capacidades quimiopreventivas.

En concreto, se detectó que compuestos fenólicos presentes en la borraja eran capaces de revertir las mutaciones convencionales que se producen en los organismos vivos. Estas variaciones en el código genético están ocasionadas por los agentes oxidantes que entran o se generan en las células y pueden ser origen, o contribuir al desarrollo, de las células cancerígenas.

Para comprobar si la borraja conservaba estas propiedades en humanos, se administró el extracto de la planta a cultivos celulares de un tipo de leucemia. “Vimos que se inhibía el crecimiento de las células tumorales”, explica a SINC la catedrática de la UCO Ángeles Alonso. Tanto en el modelo de la mosca como en el cultivo celular, el equipo observó que la borraja ejercía un papel protector y preventivo.

Fuente: Pixabay / Jody Summers

En cuanto a las semillas, Antonio de Haro, profesor del Instituto de Agricultura Sostenible, señala que “presentan un ácido graso llamado gamma linolénico, esencial para el ser humano”. Cuando su síntesis empieza a fallar en el organismo pueden producirse efectos visibles, como la aparición de arrugas en la piel. La falta de este compuesto también está asociada a problemas de salud, como la cirrosis hepática o la dermatitis atópica, y a trastornos durante la menopausia.

Los investigadores han comprobado que el ácido gamma linolénico presente en las semillas de la borraja también tiene efectos protectores para el ADN, mediante estudios tanto in vivo como in vitro.

Los resultados de todas estas investigaciones han sido publicados en las revistas científicas Nutrients y Plos One. Así las propiedades saludables de la borraja, recogidas desde la antigüedad en multitud de remedios caseros, han quedado comprobadas y analizadas con rigor mediante estudios científicos. Ya no hay excusa para incorporar a nuestros platos esta verdura, tan humilde como saludable.

El pescado, mejor de temporada

Fuente: Greenpeace | www.greenpeace.org/espana/es/

A la hora de elegir el pescado que consumimos hay una regla tan vieja como sencilla: mejor cercano y de temporada. Dos características que nos garantizan su sostenibilidad, es decir, que ocasione el menor impacto posible sobre el entorno del que se extrae para que su pesca siga siendo social, económica y ambientalmente viable.

Para facilitarnos esta tarea, la asociación ecologista Greenpeace pone a nuestra disposición la página web www.pescadodetemporada.org. En ella encontraremos una guía para identificar, mes a mes, los pescados y mariscos de temporada más habituales en las pescaderías (hasta un total de 25) e información sobre la forma en la que han sido capturados y el caladero del que proceden.

Según indica María José Caballero, directora de Campañas de Greenpeace, “con este calendario queremos hacerle más fácil a las personas que consumen pescado la elección de productos pesqueros sostenibles. Son tres normas básicas: mejor el pescado de temporada, mejor el de más cerca y mejor si ha sido capturado con artes pesqueras sostenibles".

Fuente: Pixabay / Jacqueline Macou

La guía incluye también 12 recetas originales (una por mes) de cocineros tan afamados como Diego Guerrero, Sergi Arola o Joan Roca. En la identificación de las especies han colaborado profesionales dedicados a la pesca sostenible y las ilustraciones son obra de Fernando Vicente. Dispone además de una versión para dispositivos móviles.

Greenpeace destaca la necesidad de proteger los océanos, sobreexplotados en gran parte. En el Mediterráneo el 90% de los stocks de pesca están deteriorados y lo mismo ocurre con el 40% de los del Atlántico. Para protegerlos es necesario sustituir la forma de pesca mayoritaria, muy destructiva, por sistemas más sostenibles que generen menos impactos en el medio marino. Según afirma la asociación ecologista, esto permitirá una recuperación de las poblaciones de peces y, por tanto, un futuro para las pesquerías y para quienes viven de ellas.

Fuente: Pixabay / Français

Esta propuesta va en línea con las preferencias manifestadas por los consumidores españoles en la última encuesta de la entidad: valoran la sostenibilidad, especialmente en cuanto al método de captura y a la cercanía de los caladeros. De hecho, el 51% de las personas encuestadas pagarían entre un 5 y un 10% más si el pescado fuera sostenible.

La encuesta indica también que prefieren productos frescos y conservas a congelados y sazonados, y los capturados en el mar a los procedentes de acuicultura o río. Sea como sea, insistimos: mejor cercano y de temporada.

 

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