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13-03-2014

Para gustos... Los tatuajes!!!

La comida es una pasión para muchos, pero ¿tanto como para tatuarse el cuerpo con ella? ¿Quien no tiene un sabor favorito, un plato especial o una comida que le hace recordar su infancia? Pues ahora podemos grabarla para siempre a través de un tatuaje. ¿Te atreves? Hoy por hoy, cocinar está de moda y son muchos los que se refugian en la comida para liberar su estrés y dar rienda suelta a su imaginación culinaria creando nuevos platos y nuevos sabores. La comida ha dejado de considerarse una necesidad para la supervivencia del ser humano para convertirse en un placer.

Siempre ha habido referencias artísticas cuyo principal tema han sido los alimentos. A mi cabeza vienen los grabados egipcios, griegos o romanos en los que se plasmaban escenas de grandes celebraciones donde no faltaba la comida y el vino, pinturas que muestran bodegones o obras de arte repletas de tartas y postres como las del pintor Wayne Thiebaud o hechos cotidianos en la cocina plasmados por Velazquez en su obra "Vieja friendo huevos" o al Dios del vino retratado por Caravaggio en su lienzo Baco.

Por lo tanto hemos visto desde la antigüedad la relaciona entre arte y alimentación pero hemos tenido que esperar al siglo XXI para ver ese arte plasmado en la piel de aquellos valientes locos por la cocina. La sociedad ha aprendido sobre alimentación, sobre los mitos de ciertos alimentos y sobre los significados que tiene la comida encontrándose historias o leyendas que hacen que un tatuaje pueda ser más especial o creativo.

Os dejo varias imágenes para que juzguéis vosotros mismos y quien sabe...quizás alguno se anime. Seguro que llama la atención por su originalidad y creatividad.

El yogur helado, una tendencia en auge.

La principal diferencia entre el helado tradicional y el yogur helado reside en el ingrediente principal. En el caso del helado de yogur, es una mezcla de leche con azúcar al que se le añade sabor a yogur, mientras que el yogur helado es un yogur tradicional congelado.

Un poco de historia

El yogur es uno de los alimentos más antiguos de los que se tiene constancia. Sus orígenes se remontan a hace unos 10.000 años, en la antigua Mesopotamia. Aunque no se sabe a ciencia cierta, se cree que el origen pudo ser totalmente accidental, al producirse una fermentación espontánea de leche almacenada en bolsas de piel de cabra o urnas.

Posteriormente, las diferentes civilizaciones reconocieron los beneficios de este alimento, aunque durante muchos años no conocían a ciencia cierta como se producía o cual era el fundamento de su elaboración, ya que los cultivos responsables (bacterias lácticas) no fueron aislados hasta el s. XX.

Mejor que un helado

Más sano y con un menor aporte calórico que la mayoría de los helados, su consumo está de moda. Frecuentemente se comercializa acompañado con chocolate o siropes, de los cuales no conviene abusar, ya que también se pueden complementar con cereales o trocitos de fruta. Su escaso aporte de calorías (unas 103 kcal por cada 100 g) y los beneficios propios del yogur, hacen que este postre sea una de las estrellas del verano.

Además, suponen una forma sana y alternativa para tomar calcio, tan importante para nuestros huesos, en un momento en que el consumo de leche y derivados lácteos se está reduciendo, de forma que aproximadamente un tercio de la población española presenta carencias de este mineral.

Generalmente, los yogures helados que se comercializan como tal presentan un aporte calórico más elevado que los yogures tradicionales, por lo que una solución para aquellas personas que quieran reducir este extra de calorías sería congelar sus propios yogures. Sin embargo, es importante destacar que los yogures helados conservan intacto su contenido en probióticos.

Los beneficios del yogur

Como ya hemos comentado, además del aporte de probióticos, los yogures, tanto helados como si no, aportan lo que se conoce como proteínas de alta calidad y fácil digestibilidad. Además, el calcio que aportan es fácilmente asimilable por el organismo y contienen menos lactosa que la leche fresca, ya que parte ha sido metabolizada por los fermentos. Por otro lado, facilitan la regulación del tránsito intestinal y previenen la aparición de trastornos digestivos.

 

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