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23-04-2015

Caducidad e ingredientes, datos más buscados en las etiquetas

Fuente: ctic-cita.es

La fecha de caducidad o consumo preferente y la lista de ingredientes que componen el producto son los dos principales datos en que nos fijamos los consumidores al leer la etiqueta de un alimento. Así lo indica un reciente estudio realizado por Consumolab sobre la percepción que tiene el consumidor respecto al etiquetado de alimentos.

Y en lo que menos atención ponemos es en la información sobre el país de origen, el fabricante o los alérgenos (a menos que nuestra alimentación esté condicionada por algún factor, en cuyo caso este último dato ocupa el cuarto puesto en prioridad de lectura).

El estudio recoge datos proporcionados por más de 2.500 consumidores de todo el país, de diversos segmentos de edad. La gran mayoría de los encuestados, el 90%, lee las etiquetas de los alimentos a la hora de la compra. El 65% afirman leerlas siempre y otro 25%, según de qué producto se trate (se pone más atención en los lácteos, alimentos infantiles, cárnicos y productos preparados) y su novedad (se informan si es algo nuevo o que adquieren por primera vez).

La mayoría se fijan, primero, en la fecha de caducidad o consumo preferente del producto, sin que plantee en general problemas de comprensión. Pero un 38% de los encuestados reconoce que no entiende la lista de ingredientes, a pesar de ser el segundo dato en el que más atención ponemos.

El 82% de los consumidores afirman que sí saben lo que son los alérgenos, aunque un 70% consideran que no están bien identificados en la etiqueta. Salvo que suframos alguna intolerancia o alergia alimentaria, parece que este dato no preocupa demasiado, ya que para el 86% de los encuestados es el elemento que menos se lee de la información contenida en la etiqueta.

El logo de alimentos “sin gluten” es reconocido por el 94% de los encuestados y el de “alimentos alérgenos” por un 87%. Sin embargo, un 24% de los consumidores desconoce los logos que identifican “Producto Ecológico” o “Punto Verde”.

En cuanto al origen de los alimentos, el 75% de los consumidores creen esta información no está claramente indicada en la etiqueta y un 27% opina que en productos como la carne y el pescado fresco el país de origen debería estar bien identificado.

Respecto a la información nutricional, las calorías (13%), los azúcares (12%), las grasas saturadas (12%) y los hidratos de carbono (11%) son los elementos que los consumidores más identifican, mientras que la sal queda relegada a un 8%.

Fuente: ctic-cita.es

Entre los objetivos de este estudio está identificar cómo se perciben los cambios producidos en el etiquetado de alimentos tras la entrada en vigor, el pasado mes de diciembre, de la nueva normativa sobre información al consumidor. El 39% de los encuestados afirma haber notado en los últimos meses cambios en las etiquetas, sobretodo en el tipo de información y en la claridad con la que es presentada.

Para el 34% de los consumidores que han notado cambios, la información nutricional está ahora más clara; el 32% afirma leer mejor la información, y el 31% señala que los datos sobre alérgenos están más destacados.

Los participantes en el estudio indican que los productos con un etiquetado más claro son los lácteos (según el 28% de los encuestados), panadería, bollería y repostería (18%), así como zumos y mermeladas (18%). En cambio, las bebidas refrescantes (23%), los productos dietéticos (20%) y la carne y pescado fresco (20%) son los que resultan más difíciles de entender. Un 60% dice no poder leer bien la información: el 59% señala que la letra es muy pequeña; el 19% que las letras están muy juntas, y para el 15% no se resalta el color.

El 62% considera que el producto cumple la información que se indica en su etiquetado y ven satisfechas sus expectativas. Sin embargo, un 60% de los encuestados cree que hay que mejorar los datos sobre cualidades/beneficios del producto (reclamos del tipo “rico en”, “bajo en” o “alto contenido en”) y un 38% reclama más información sobre aspectos sensoriales.

En cualquier caso, cuanto más claras, sencillas y fáciles de y entender sean las etiquetas mejor informados estaremos los consumidores seguramente, mucho más dispuestos a adquirir un producto del que tenemos todas las garantías.

Dieta mediterránea, la más ecológica

Saludable, equilibrada, sencilla y deliciosa. Así es la dieta mediterránea, una herencia cultural de nuestros pueblos que cada vez se demuestra más beneficiosa para la salud. Pero es que, además, también lo es para el medioambiente: un reciente estudio científico concluye que el menú tradicional que se consume en países como España tiene una huella de carbono inferior al de las dietas típicas de los países anglosajones.

La huella de carbono es una fórmula sencilla para medir el impacto que dejamos sobre el planeta. Se trata de un recuento de las emisiones de gases de efecto invernadero -medidos en unidades de dióxido de carbono equivalente (CO2e)- que son liberadas a la atmósfera debido a nuestras actividades cotidianas o a la comercialización de un producto. Es decir, que cuanta más huella de carbono tiene una actividad o producto, más contamina.

Fuente: https://www.ipcc.ch/home_languages_main_spanish.shtml

Cada alimento que tomamos tiene también su huella de carbono, calculada sumando todas las emisiones provocadas en cada fase, desde su producción en el campo hasta la gestión de los residuos que genera, pasando por la recogida, tratamiento, distribución, preparación, etc.

Estas emisiones de dióxido de carbono, así como las de otros gases de efecto invernadero, contribuyen al calentamiento global y al famoso cambio climático, con graves consecuencias tanto para las personas como para el resto de los seres vivos. Por eso muchos investigadores se afanan en encontrar soluciones en cualquier ámbito de nuestra vida, incluido el consumo de alimentos.

Pues bien, investigadores de la Universidad Jaume I de Castellón, la Universidad de Huelva y el Complejo Hospitalario Universitario de Huelva analizaron la huella de carbono de los menús tipo que se sirven en España, basados en la dieta mediterránea, y los compararon con los ingeridos en países como Reino Unido o EE UU. Y resulta que la huella de carbono media de los nuestros es muy inferior.

La diferencia principal se debe al menor consumo de carne de vacuno (uno de los alimentos cuya huella de carbono es mayor) y la abundancia de frutas y verduras (con baja huella de carbono) en la dieta de los países de la cuenca mediterránea.

La Agencia de Noticias SINC se hace eco de este estudio, cuyos resultados han sido publicados en la revista científica Journal of Health Services Research & Policy. Rosario Vidal, primera autora del artículo e investigadora de la Universidad Jaume I de Castellón, explica a SINC que “combatir el cambio climático es una prioridad internacional que debe ejecutarse en todos los ámbitos, como en el entorno familiar, teniendo en cuenta nuestra alimentación diaria”.

Para realizar la investigación se recogieron datos en el Hospital Juan Ramón Jiménez de Huelva. Se analizaron un total de 448 comidas y otras tantas cenas, repartidas durante todas las estaciones del año, con un aporte calórico medio de 2.000 kcal.

Aunque el estudio se centró en ámbito hospitalario, sus responsables consideran que los datos son ampliamente extrapolables: “estos menús podrían haberse servido igualmente en cualquier colegio, restaurante o casa española. Las recetas analizadas incluyen algunos platos tan típicos como gazpacho andaluz, pisto manchego, paella o puchero”, explica Vidal.

Para calcular la huella de carbono de cada plato del menú, se elaboró una base de datos con la correspondiente a cada uno de los alimentos cultivados, producidos o pescados (casi todos ellos nacionales). Luego multiplicaron la cantidad en bruto de cada producto necesaria para preparar el menú por su valor en la tabla.

La huella de carbono media diaria obtenida fue de 5,08 kg de CO2 equivalente (CO2e), mientras que la media en EE UU para la misma ingesta calórica se estima entre 8,5 y 8,8 kg de CO2e, y la del Reino Unido en 7.4 kg de CO2e. Se obtuvo también la huella de carbono para otras 17 dietas terapéuticas, como dieta blanda, líquida, hipoproteica o hiperproteica.

Los investigadores destacan que los resultados obtenidos para la dieta mediterránea son muy inferiores que los estimados para las anglosajonas, en las que abunda mucho más la carne de vacuno y se consumen menos frutas y verduras, tan importantes en nuestras latitudes. “Por eso – afirma Vidal – no solo es más sana, sino que nuestra dieta es también más ecológica”.

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10-04-2015

Una bodega ecológica española en The World’s Best 50 Restaurants 2015

La presentación de la lista de los 50 mejores restaurantes del mundo, The World's Best 50 Restaurants 2015, es una de las citas gastronómicas más esperadas del año, algo así como los “Oscar” de la alta cocina mundial. El evento, organizado por la revista The Restaurant, se celebrará el próximo 1 de junio en Londres, con la asistencia de más de 700 invitados, entre chefs de prestigio, expertos en gastronomía, empresarios de la restauración y periodistas especializados, entre otros.

Pues bien, por primera vez la bodega oficial elegida para esta celebración será española y ecológica: Pagos Los Balancines. Se trata de un afirma extremeña, fundada en 2006 e inscrita en el registro ecológico. Sus viñas se sitúan en el Paraje de Los Balancines, en Oliva de Mérida (Badajoz), rodeadas de olivos y montes.

Será la única bodega presente en el evento y en toda la agenda de actividades que rodean a esa cita de referencia internacional. Así, sus vinos se servirán también durante la cena de bienvenida a los 150 principales chefs y restauradores de todo el mundo, el día 31 de mayo, y en la comida con los miembros del jurado, el día 2 de junio. Además, la bodega hará entrega del premio al restaurante sostenible, el “World Sustainable Restaurant”.

Durante la ceremonia principal se dará a conocer la lista de los 50 mejores restaurantes del mundo, a juicio de un jurado compuesto por 900 expertos internacionales. Un listado que rápidamente se convierte en la guía de moda para elegir los destinos gastronómicos imprescindibles.

Aunque esta será la decimocuarta edición de los The World's Best 50 Restaurants, en nuestro país sólo en los últimos años ha ido ganando relevancia, gracias al protagonismo de prestigiosos restaurantes españoles, como el Celler de Can Roca, Mugaritz o Arzak.

Pago los Balancines prepara ya la selección de vinos, blancos y tintos, que se servirán en cada uno de los eventos que forman parte del programa de The Wolrd Best 50 Restaurants 2015. La bodega extremeña cuenta con 52 hectáreas de viñedo, donde cultiva las variedades de garnacha tintorera, cabernet sauvignon, tempranillo, syrah, petit verdot, bruñal, y graciano.

Y es que es desde el viñedo, según afirman los responsables de la bodega, donde se consigue la calidad. “Toda la viña está plantada en vaso y en secano, con una importante distancia entre plantas – explican -. De este modo, se optimiza el uso del agua en un suelo con abundante piedra en superficie y buena profundidad, lo que proporciona una gran capacidad de acumulación del agua de lluvia”.

En bodega se elabora cada variedad y parcela de forma independiente, en depósitos de pequeño tamaño (entre 8.000 y 10.000 litros), con un estricto control en las temperaturas de maceración y fermentación. El mimo puesto en todo el proceso, desde la viña hasta la barrica, es el secreto para obtener estos “vinos con alma”, que acompañarán a los grandes de la restauración internacional.

 

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