Los excedentes de Río alimentan la transformación social

Fuente: Gastromotiva

Río de Janeiro está siendo estos meses centro de todas las miradas, gracias a las Olimpiadas celebradas este verano y a los Juegos Paralímpicos que se desarrollan después. Cuando el deporte termine, la ciudad brasileña contará además con un proyecto tan bello como necesario: RefettoRio, un comedor social destinado a alimentar el cuerpo y la dignidad de los más necesitados.

Se trata de una iniciativa de Massimo Bottura, chef propietario del restaurante Osteria Francescana (Módena), considerado el mejor restaurante del mundo 2016 según la lista The World 50 Best. Comenzó a funcionar durante la celebración de los Juegos Olímpicos, empleando los excedentes de comida del evento. Una forma de luchar contra el despilfarro alimenticio en un país que figura entre los diez del mundo en los que más alimentos se tiran: cerca de 41.000 toneladas acaban cada día en la basura.

Para Bottura no se trata de un acto de caridad, sino de ética y estética. Quiere devolver la dignidad a las personas y por eso busca “la belleza tanto de los ingredientes como del lugar y de las ideas”. Se trata, además, de mostrar los problemas de la calle y ayudar a solucionarlos, valiéndose de su fama como amplificador de la iniciativa. El mejor chef del mundo devuelve así a la sociedad parte de lo que ésta le ha dado.

La idea no es nueva; Bottura ya puso en marcha otro comedor social en Milán, durante la Exposición Universal de 2015. Allí invitó a cocinar al chef brasileño David Hertz, que lidera la ONG Gastromotiva. Esta entidad trabaja por la mejora de la sociedad a través de los alimentos, enseñando a cocinar a jóvenes de las favelas, organizando eventos gastronómicos y concienciando contra el despilfarro de comida. Los excedentes de la expo sirvieron para preparar los menús para gente de la calle con los que se abrió el Refettorio Ambrosiano de la ciudad italiana.

Esta vez ha sido Hertz quien ha llamado a Bottura para que hicieran lo mismo en Río de Janeiro, aprovechando las Olimpiadas. Al principio o lograban apoyo público ni privado, pero no se dieron por vencidos. Finalmente el alcalde de Río, Eduardo Paes, les cedió un local en ruinas en el bohemio barrio de Lapa, que transformaron en un comedor con capacidad para 108 personas.

Allí los excedentes de comida de los Juegos Olímpicos y Paralímpicos (alimentos en perfecto estado que no han sido empleados) se transforman en suculentos platos cocinados por algunos de los más afamados cocineros del mundo (entre ellos han sido invitados los españoles Joan Roca, Andoni de Mugaritz o Quique Dacosta).

Cuando los Juegos acaben a finales de septiembre, el restaurante continuará dando almuerzos a mediodía, a precio normal, con los que financiar las cenas gratuitas de la noche. RefettoRio continuará siendo un proyecto de transformación social a través de los alimentos.

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