Menos grasa “trans” en nuestros alimentos

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Basta escuchar “ácido graso trans” para que nos pongamos alerta. Aunque la mayoría no sepamos definirlos muy bien, sabemos que son perjudiciales para nuestra salud, ya que los asociamos (y con razón) al aumento del llamado “colesterol malo” y a un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares.

Están presentes de forma natural en productos lácteos y carnes, pero los que más nos preocupan son los que se originan en ciertos procesos industriales empleados para obtener alimentos como bollería, margarinas, chocolates, sopas deshidratas y otros productos procesados.

La buena noticia es que en España se ha reducido notablemente el contenido medio de ácidos grasos “trans” de los productos alimenticios, según un reciente estudio de la Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición publicado en la revista Gaceta Sanitaria.

El estudio, en el que se analiza el contenido de ácidos grasos “trans” en 277 de los productos de alimentación más consumidos en los supermercados españoles, indica que la gran mayoría de ellos contienen menos de 0,2 gramos por cada 100 y menos del 2% respecto al porcentaje de grasas totales.

Según los autores de la investigación, estos resultados permiten concluir que el contenido medio de ácidos grasos “trans” de los productos alimenticios en España es bajo y que, en el contexto de una dieta equilibrada, la exposición de la población a este tipo de grasas es mínima.

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Los investigadores analizaron en 2015 los niveles de ácidos grasos “trans” por grupos de productos alimentarios y los compararon con los datos obtenidos en otro trabajo realizado cinco años antes. Detectaron así la reducción conseguida en muchos de los alimentos sometidos a examen.

En concreto, aperitivos salados, pastelería y confitería, chocolates, galletas y patatas chips son los grupos que más han reducido su contenido. Incluso comprobaron que algunas de las muestras analizadas (de cereales, galletas, pan industrial y salsa de tomate) no contenían grasas “trans”.

En cuanto a la proporción respecto al total de grasas, fue inferior al 2% en todos los grupos de productos a excepción de los yogures y productos lácteos (2,3%), la mantequilla (2,45%) y los quesos para untar (2,52%).

Los resultados de este estudio son esperanzadores, ya que está demostrado científicamente que el consumo de ácidos grasos “trans” está asociado con varias enfermedades cardiovasculares. Afectan negativamente al metabolismo de las grasas y al equilibrio de las lipoproteínas transportadoras del colesterol, reduciendo las de alta densidad (“colesterol bueno”) y aumentando las de baja densidad (“colesterol malo”). Varias investigaciones los relacionan, además, con otras enfermedades como la diabetes mellitus, el cáncer o el asma.

La formación de ácidos grasos “trans” se produce de forma natural en grasas animales (sobre todo de rumiantes), por acción de bacterias del rúmen. Pero nuestra principal forma de ingerirlos es a través de productos sometidos a tratamientos térmicos prolongados, como la hidrogenación parcial.

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Este método se emplea con aceites vegetales y, ocasionalmente, aceites de pescado para lograr que sean más estables y facilitar su solidificación. Las materias grasas así obtenidas se utilizan en la elaboración de bollería y pastelería industrial, preparados grasos para sopas, sustitutos de la nata o en la fritura de patatas fritas, aperitivos y platos precocinados.

Aunque la legislación española no regula todavía su contenido, sí dedica una disposición específica en la Ley 17/2011 de seguridad alimentaria y nutrición a la reducción de los niveles de ácidos grasos “trans” artificiales, fruto de este proceso de hidrogenación parcial de aceites vegetales en la industria alimentaria.

A pesar de los buenos resultados obtenidos en el estudio, sus autores afirman que “la vigilancia periódica del contenido de ácidos grasos trans de los alimentos debe mantenerse. Como un objetivo de salud pública, la reformulación de los productos alimentarios se debe reforzar con el fin de asegurar que la calidad nutricional de los alimentos se mejora”.

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