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¿Por qué la cafeína nos quita el sueño?

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Tomar un café por la noche puede ser un hábito para algunos, pero para la mayoría sólo está permitido si prevemos que nos acostaremos tarde. De hecho, es un método al que solemos recurrir cuando tenemos que quedarnos despiertos más tiempo del habitual. La cafeína es la responsable de mantenernos despiertos pero, ¿cómo lo logra?

Además de tratarse de un estimulante que bloquea los receptores de adenosina (responsable de dar a nuestro cerebro la señal de “estoy cansado”), esta sustancia, si se consume por la noche, retrasa nuestro ritmo circadiano, es decir, nuestro reloj biológico. Así lo ha demostrado, por primera vez un estudio científico llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Colorado, en Boulder (EE UU) y del Laboratorio de Biología Molecular de Cambridge (Reino Unido).

El estudio muestra que la cantidad de cafeína que contiene un expreso doble – o su equivalente – tres horas antes de dormir induce a una fase de 40 minutos de retraso en el reloj biológico humano, que oscila en ciclos de aproximadamente 24 horas.

Se trata de ritmos biológicos intrínsecos, de carácter periódico, entre los que destaca el de sueño-vigilia. Es como un reloj interno que regula cuándo necesitamos dormir y cuándo no. Este mecanismo bioquímico sintoniza el organismo con los ciclos del día y la noche, y hace que nuestro cuerpo sepa cuándo es conveniente que esté preparado para descansar o para realizar una actividad.

En él tienen influencia diversos factores, como la temperatura, el ejercicio físico, la comida y, sobre todo, la exposición a la luz, que hace que nuestra glándula pineal (ubicada en el cerebelo) secrete más o menos melatonina. Esta hormona es la encargada de avisar a nuestro cuerpo de la llegada de la noche y facilitar el sueño.

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Para llevar a cabo el estudio, se realizó un seguimiento a cinco personas durante 49 días en el llamado “laboratorio del sueño”. Durante este periodo se les sometió a diferentes condiciones relacionadas con el ciclo sueño-vigilia: una habitación con poca luz y una pastilla de placebo; poca la luz y el equivalente a 200 miligramos de cafeína (lo correspondiente a unos dos cafés); luz brillante más placebo, y luz brillante más cafeína. Y compararon el efecto de esa cafeína sobre el reloj circadiano con el que produce la exposición a luz intensa.

Los resultados, publicados en la revista Science Translational Medicine, demostraron que la cafeína retrasó el reloj interno en cuarenta minutos, la mitad del efecto producido por la luz. Para medir las variaciones se tomó como referencia el ciclo de secreción de melatonina, la hormona que avisa al cuerpo la llegada de la noche y que promueve el sueño y otros procesos relacionados con el descanso nocturno.

Aunque todos conocíamos que un café ayuda a mantenerse despierto, este estudio “es el primero que demuestra que la cafeína, la droga psicoactiva más consumida en el mundo, influye sobre el reloj circadiano humano. Además aporta nuevas e interesantes pruebas sobre los efectos de la cafeína en la fisiología humana”, afirma Kenneth Wright, profesor en el departamento de Fisiología Integrativa de la Universidad de Colorado y uno de los autores del artículo.

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“Hemos visto– indica Wright - cómo el café afecta a nuestro cronómetro celular. Porque, hasta hace poco, se sabía que la cafeína alteraba los relojes circadianos en especies como las algas y moscas de la fruta, pero ahora se ha demostrado que también tiene un impacto sobre las células humanas”.

Además, añade el investigador los resultados “indican que, administrada en el momento adecuado, la cafeína se puede utilizar para poner en hora el reloj”, lo que la convertiría en una herramienta que, además de quitar el sueño, puede ayudar a regularlo.

11:42
16-07-2015

Posos de café, 500 veces más antioxidantes que la vitamina C

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¿Sabías que los posos de café tienen una capacidad antioxidante 500 veces mayor que la vitamina C? Gracias al descubrimiento de ésta y otras interesantes propiedades, lo que hasta ahora se consideraba un subproducto sin valor de la industria cafetera podría reutilizarse en la elaboración de alimentos funcionales, buenos para nuestra salud.

Científicos de la Universidad de Granada (UGR) y de la Estación Experimental del Zaidín (CSIC), han obtenido estos datos al evaluar las propiedades biológicas de los subdproductos derivados de las empresas productoras de café, como los posos de café o el coffee silverskin, conocido en español como “cascarilla”. Su trabajo de investigación ha sido publicado en la revista Food Science and Technology, según informa la Agencia de Noticias Científicas SINC.

Las empresas productoras de café (un sector de gran importancia en la economía mundial por su volumen de ventas y beneficios) generan al año más de 2.000 millones de toneladas de estos subproductos, muy ricos en fibra y compuestos fenólicos beneficiosos para la salud.

“También son ricos en unos compuestos pardos, que dan lugar al color del café, conocidos como melanoidinas, que presentan diversas propiedades biológicas interesantes para los humanos”, José Ángel Rufián Henares, profesor del departamento de Nutrición y Bromatología de la UGR y autor principal de este trabajo.

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Por el momento, estos subproductos son desaprovechados por la industria del café, que los envía a vertederos donde pueden originar una elevada actividad tóxica. Pero el descubrimiento de sus gran capacidad antioxidante los hace muy atractivos para la elaboración de alimentos funcionales.

Los antioxidantes son unas moléculas que ayudan a proteger las células sanas de los daños ocasionados por los radicales libres, responsables del envejecimiento celular y de numerosas patologías, como la diabetes o el alzheimer. Se encuentran en numerosas frutas y hortalizas frescas, como los cítricos, el brócoli, la coliflor, la cebolla, el tomate o la sandía, así como en la piel de la uva y el té verde, entre otros productos naturales. Pero en ninguno en tal cantidad como en los subproductos del café.

Para realizar este estudio, los investigadores sometieron estos restos de café a una digestión ‘in vitro’, simulando todo el proceso digestivo humano. Evaluaron su actividad prebiótica, determinando si los compuestos estudiados son capaces de favorecer el crecimiento de bacterias beneficiosas para el organismo humano, como las bifidobacterias o los lactobacilos.

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Examinaron también su actividad antimicrobiana (capacidad para disminuir el crecimiento en diversos alimentos de bacterias perjudiciales, como el Staphiloccocus aureus o Escherichia coli) y su actividad antioxidante (contra los radicales oxidantes que se generan en el organismo).

Los resultados demostraron que tanto los posos de café como la “cascarilla” presentan una elevada actividad prebiótica, aunque las melanoidinas la suprimen. Estas, muestran una gran actividad antimicrobioana, y los tres subproductos tienen una actividad antioxidante muy elevada, hasta 500 veces superior a la vitamina C. Se comprobó, además, que la actividad antimicrobiana y antioxidante es mayor en el café torrefacto, al que se le añade azúcar durante el proceso de tostado.

Los autores concluyen que los subproductos de la industria cafetera estudiados se pueden reutilizar para elaborar alimentos más saludables. “Si queremos potenciar la actividad prebiótica de dichos alimentos, - señala el profesor Rufián Henares - habría que eliminar primero las melanoidinas , que éstas podrían adicionarse a otros alimentos para incrementar su vida útil gracias a su elevada actividad antimicrobiana".

¿Cuántos cafés puedo tomar al día?

Tomar un café es algo habitual para la mayoría de nosotros, no sólo por sus propiedades estimulantes, sino también como acto social que ha llegado incluso a convertirse en hábito en el trabajo (la tan esperada por muchos “hora del café). Y no es sólo una costumbre española; el café es la bebida aromática más consumida en el mundo.

Forma parte del desayuno habitual de muchos adultos, es también protagonista en el descanso a media mañana con los compañeros de trabajo, y hay quien no perdona su café después de comer. Por las tardes es frecuente quedar a tomar un café, e incluso hay quien lo consume por la noche, sobre todo si tiene alguna obligación que le requiera trasnochar.

El consumo de café estimula el sistema nervioso central, prolonga el estado de vigilia, retrasa el cansancio y hasta favorece la concentración. Pero, como siempre, un exceso puede producir numerosas disfunciones, como taquicardias, irritaciones gastrointestinales, diarreas, temblores musculares, inquietud e insomnio. Entonces, ¿cuánto café puedo tomar?

Según informa la Agencia de Noticias SINC, la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) recomienda en su último informe no superar el consumo diario de cafeína en más de 400 mg, lo que equivale a cinco tazas de café expreso al día, con 80 mg de este estimulante por taza. Se trata de una medida orientativa, ya que depende del peso de cada individuo. La EFSA sitúa en los 5,7 mg de cafeína por kilo el límite real que puede consumir una persona. Además, no se deben tomar más de 200 mg de cafeína de una sola vez.

Hay que tener en cuenta, además, que otras bebidas también contienen altas concentraciones de cafeína. Por ejemplo, una lata de bebida energética de 250 ml tiene 80 mg de cafeína, una taza de 220 ml de té negro presenta 50 mg y los refrescos de cola contienen 40 mg en una lata de 355 ml.

Y, aunque no tomen café, té o refrescos de este tipo, los niños (entre tres y diez años) también están expuestos a este estimulante, ya que está presente en algunos alimentos como el cacao. Por ejemplo, una barra de 50 gramos de chocolate negro contiene 30 mg de cafeína.

La EFSA advierte de que superar los límites recomendados de cafeína causa, como efecto inmediato, problemas de sueño, ansiedad y variaciones en el comportamiento, afectando al sistema nervioso central y, a largo plazo, problemas cardiovasculares.

El cafeto, arbusto de cuyas semillas se obtienen el café, es un arbusto originario de Etiopía, donde desde antiguo se usaba como pasta alimenticia. Su cultivo se extendió a la vecina Arabia, y desde Yemen se extendió al resto del mundo árabe. Los mercaderes venecianos la introdujeron en Europa en torno al año 1600 y rápidamente cruzó el Atlántico para cultivarse en grandes explotaciones, aprovechando el clima propicio.

Además de cafeína, el gano verde del café contiene más de 1.200 componentes químicos distintos, que le dan su peculiar sabor y aroma. Entre ellos figura el agua, materias grasas, proteínas, minerales, ácidos orgánicos y alcaloides. Sin embargo, muchas de estas sustancias se pierden en el proceso de tueste y preparación, por lo que su valor nutritivo no es muy interesante.

Son diversos los tipos de café (la variedad árabica, la más antigua conocida, y la robusta, originaria del Congo, son las más consumidas), así como las formas de tomarlo, dependiendo de las costumbres de cada país (solo, expreso, cortado, macchiatto, con leche, nata, licor, helado, etc.). Una bebida cotidiana para muchos de nosotros aunque, como suele ocurrir, haya que consumirla con moderación para poder disfrutar de sus cualidades sin poner en riesgo nuestra salud.

13:04
12-03-2015

40 maneras de tomar café

Fuente: momondo.es

El café es una de las bebidas más populares en todo el mundo: como desayuno, a media mañana, tras la comida, por la tarde… Para los aficionados al café cualquier momento es bueno, pero según en qué lugar del mundo residas los hábitos cambian. Y varía también la forma de tomarlo: aquí solemos ponerle leche, cosa que un italiano nunca haría, pero un café al estilo estadounidense nos parecería “aguado”.

Cada país tiene sus costumbres, sus rarezas y sus curiosidades en torno al café. Por ejemplo, en Vietnam el café “cà phe trung” incluye una yema de huevo; el “eiskaffee” alemán lleva helado de vainilla, nata montada y virutas de chocolate; en Tailandia le ponen hielo y leche condensada azucarada, y en Noruega lo mezclan con licor a partes iguales. En Finlandia presumen de tener el café más suave de todos, y menos mal, porque ¡son los mayores consumidores de café del mundo!

Su historia también está plagada de curiosidades, como que la primera referencia histórica al café hecha por un europeo fue la del botánico alemán Leonhard Bauwolf en 1573, aunque hubo que esperar a 1721 para que se abriera una cafetería en Berlín. O que los puestos de café de Melbourne (Australia) se retiraron de la calle en 1920 por estar asociados al crimen. La importancia de este producto en Brasil (primer productor mundial) quedó reflejada en un sello de correos con aroma a café emitido en 2001.

¿Quieres conocer más “recetas”, curiosidades y formas de tomar café en diferentes partes del mundo? Tranquilo, no vamos a meterte un rollo de datos por países; mejor te ofrecemos esta infografía elaborada por el portal de viajes momondo.es con un montón de información explicada gráficamente, de forma sencilla y ordenada. Aquí la tienes:

Fuente: momondo.es

¿Influye el color de la taza en el sabor del café?

Fuente: PublicDomainPictures - pixabay.com/es/users/PublicDomainPictures-14/

Según una reciente investigación llevada a cabo en Australia, sí. Al menos, sí que influye en la percepción de intensidad, amargura o dulzor que tenemos al saborear el mismo café en tazas de distinto color.

En el estudio (titulado “Does the colour of the mug influence the taste of the coffee?” y desarrollado por investigadores de la Universidad de Oxford y la Federation University Australia) participaron 18 voluntarios a quienes se pidió probar tres tazas de café, idénticas salvo en el color: una blanca, otra azul y la tercera transparente. Después tenían que calificar la dulzura, aroma, amargura, calidad y aceptabilidad de la bebida.

Y resultó que los voluntarios tendían a experimentar el mismo café de manera diferente según la cristalería en que les había sido servido. "El color de la taza realmente parece tener un impacto", afirma Charles Spence, jefe del laboratorio de investigación crossmodal de la Universidad de Oxford y uno de los autores del estudio. "Encontramos una diferencia especialmente significativa entre la taza blanca y la transparente."

Fuente: Van Doorn/Flavourjournal - www.flavourjournal.com/content/3/1/10

En concreto, la de color blanco fue asociada con percepciones más “intensas” (sobre todo amargo) que las obtenidas con la transparente, mientras que la de color azul obtuvo valores intermedios.

Por el contrario, al calificar la dulzura percibida, los participantes puntuaron más baja la degustada en la taza blanca que en las otras dos. Para el resto de aspectos relativos al sabor observados, las diferencias detectadas fueron estadísticamente insignificantes, debido a la pequeña escala del experimento. Ampliado a un grupo mayor, como se pretende más adelante, los autores esperan encontrar patrones similares de percepción.

Los investigadores tienen una hipótesis para explicar estos resultados: el color marrón podría ser algo que la gente asocia con amargura. En la taza blanca este color destaca más, por contraste, lo que puede haber influido en la intensidad y dulzura del café percibida. En las otras dos el color se diluye, con el efecto contrario.

Este estudio sobre el café forma parte de una investigación mayor sobre la influencia de los colores en cómo experimentamos el sabor de las comidas, tanto en los laboratorios como en los restaurantes.

Investigaciones realizadas hace más de una década señalaban ya que ciertos colores se asocian de manera recurrente con gustos específicos. Un estudio más reciente, de 2010, detalla cómo el color de los alimentos se puede asociar con los denominados “efectos crossmodal”, que estudian la influencia de un sentido sobre otro (en este caso, de la vista sobre el gusto), haciéndonos percibir cambios en el sabor.

Fuente: Albert Kunnen - pixabay.com/es/users/akunnen-430993/

Los autores del estudio aluden a investigaciones publicadas este mismo año en las que se demuestra, por ejemplo, que el color de un plato "tiene un efecto claro sobre la intensidad del sabor, dulzura y puntuaciones relacionadas con el gusto”. La razón de esta influencia no está clara, aunque una explicación es que nunca vemos los colores de forma aislada, sino en referencia a otros colores.

Así, una fresa roja se ve más roja cuando se coloca en un plato blanco que si la ponemos en uno negro. Y, según explica Spence, hay además asociaciones que hacemos a ese color que pueden afectar el sabor: "el rojo podría indicar mayor dulzura, porque las frutas rojas tienden a estar más maduras que las verdes”. Esa idea general que tenemos puede ser suficiente para desencadenar una diferencia tangible en el sabor.

Fuente: Karl-Heinz Stargardt
Fuente: Romanov

Además, ciertos colores pueden estar ligados a experiencias pasadas. "Cuando vemos algo nuevo – indica el investigador - nuestro cerebro puede adelantar la percepción basándose en experiencias anteriores y alterando así la actual”, aunque se necesitan más investigaciones para poder asegurarlo.

Por el momento, también nosotros podemos “experimentar” estas teorías: la próxima vez que abras el armario para elegir una taza para el café, ¡fijate bien en su color!

 

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