Comidas con posible origen bélico.

Todas las guerras son malas y deberían evitarse a toda costa. Sin embargo, la investigación llevada a cabo por la industria militar ha traído consigo avances tecnológicos usados actualmente fuera del ámbito militar. Pero os habéis planteado alguna vez como han afectado las guerras a los hábitos alimenticios. Generalmente todo conflicto va unido a escasez de alimentos, lo que ha hecho que el ingenio se agudice y cree platos para mermar el hambre.

Una de estas creaciones gastronómicas que se ha convertido prácticamente en un plato de identidad en nuestro país es la tradicional tortilla de patata. Al parecer, al general Carlista Zumalacárregui le abordó la noche en tierras del País Vasco y buscó cobijo en un caserío en el cual tan solo se disponía de huevos y patatas con los que la casera ingenio la mezcla de ambos ingredientes. El “invento” gustó tanto que se popularizó entre las tropas copiándose en las de todo el país por ser un plato sencillo y nutritivo. Este es uno de los posibles orígenes de la tortilla típica española, otras fuentes lo sitúan por Extremadura siendo sus creadores Joseph de Tena Godoy y al marqués de Robledo alrededor del año 1798.

El turrón es otro de los platos cuyo origen se atribuya al ámbito militar; se cree que procede de la necesidad por parte de tropas árabes de llevar consigo un alimento nutritivo que se conservase por largo tiempo. Con esta idea y dos ingredientes, miel y almendras, se generó este dulce que hoy por hoy es típico en la época navideña.

Y si de dulces hablamos no hay que olvidarnos de azúcar de remolacha cuya procedencia se atribuye a las guerras napoleónicas y a la necesidad de Francia de alternativas de producción de azúcar ya que Inglaterra tenía el monopolio y no permitía su importación. Pero Napoleón no solo buscó azúcar, sino la forma de conservar comida durante largos periodos de tiempo sin tener que depender de los en tierras invadidas. El uso de comida enlatada resolvía este problema.

La saga de Napoleón continuaba dando frutos y fue Napoleón III a través de un concurso, trataba de buscar reemplazo barato y de larga durabilidad a la mantequilla y poderlo introducir en las raciones de los soldados. Hippolyte Mège-Mouriés dio con la solución e inventó la oleomargarina.

Pero no solo la estirpe napoleónica impulsó este tipo de “descubrimientos”; en 1683 el Imperio Otomano, quiso invadir el Imperio Austrohúngaro pero Viena resistió un asedio larguísimo derrotando a los otomanos. Para celebrar la victoria, el gremio de pasteleros de Viena quiso crear un pastel conmemorativo. Se convocó un concurso y el jurado escogió una pequeña pieza de brioche, en forma de media luna, símbolo del Imperio Otomano. El nuevo pastelito tuvo un éxito rotundo en toda Europa, sobre todo en Francia, donde enseguida lo llamaron “Lune Croissant” (Luna Creciente), pero como el nombre era demasiado largo, se quedó en “Croissant”.

Ya veis que la innovación gastronómica y culinaria está presente en muchos ámbitos y períodos de nuestra sociedad y desgraciadamente, muchos nuevos productos han salido a la luz a consecuencia de guerras.