Desperdicio 0: Nueva tendencia a favor de consumir las frutas y hortalizas “feas”

Los mercados y los consumidores cada vez somos más exigentes “compramos por los ojos” olvidándonos, que aquellos frutos menos “perfectos” son quizá, los más sabrosos. Hemos llegado a perder el “sabor de los tomates o melocotones” contra aspectos estéticos o de conservación que nos parecían más importantes. Pero eso ha cambiado.

La producción de frutas y verduras no es “perfecta”; en cualquier tipo de cosecha aparecen productos con buen calibre, color, forma, sabor (dentro de los standares de calidad aceptados), pero también otros deformes, arrugados, de calibres pequeños, de formas misteriosas…

Este tipo de productos de “segunda categoría” siempre han sido aprovechados, consumidos y aceptados en casa del productor o a precios más bajos, para ser usados en productos transformados: mermeladas, cremas…

Hay varias campañas que ponen en valor el sabor de estos “productos feos”, menos valorados que los “estéticamente perfectos”, pero que conservan el 100% de sus cualidades nutricionales:

En Francia una cadena de supermercados pone en valor este tipo de productos saludables aunque "feos" con iniciativas como Inglorious Fruits and Vegetables (frutas y verduras sin gloria alguna). Reconocen que en una cadena de supermercados standar en Francia puede estar tirando unos 3000 kilos de frutas y verduras deformes a la semana y proponen al consumidor comprarlos a precios más bajos, hecho que parece ser bien aceptado por parte de sus clientes.

Existe una tendencia con cada vez más adeptos que anima a consumir frutas y hortalizas “feas” para ayudar a reducir el problema del desperdicio de alimentos en Estados Unidos. Jordan Figueiredo, fundador de una campaña a favor de las frutas y hortalizas feas (Ugly Fruit and Veg Campaign) opina que el público “tiene una idea equivocadísima de que, si los productos tienen una pequeña marca, ya no son buenos”, una mentalidad que provoca que se tire a la basura casi la mitad de todas las frutas y hortalizas.

El consumidor es quien tiene la última palabra, y debería plantearse sus prioridades a la hora de elegir, pero con estas iniciativas damos apoyo al agricultor y evitamos el desperdicio de alimentos.

Lo que cuenta es el sabor, la calidad, y eso no entiende de estética.