Falsos mitos de la alimentación

FALSOS MITOS DE LA ALIMENTACIÓN 

En la alimentación, hay una serie de mitos y leyendas que nos han sido inculcadas desde la infancia y que aun seguimos creyendo en ellas, pese a carecer de cualquier base científica. Para eliminar éstas mentiras del mundo de la nutrición, se ha publicado un libro (Comer o no comer, falsedades y mitos de la alimentación -Ed. Planeta-) donde se desmontan estos falsos mitos.

En la sociedad actual, hemos adoptado la idea de que un alimento, además de nutrirnos, tiene que ser una medicina que nos ayude a tener una mejor salud. Esto es del todo falso, ya que ni existen los "superalimentos" ni las dietas milagrosas.

Según cuenta uno de los autores del libro, muchas de estas creencias se deben al hecho de que cada vez se come peor, por lo que un superalimento es un comodín al que podemos recurrir, pero que en ningún caso puede sustituir a una dieta equilibrada junto con un mínimo de ejercicio físico. Además, al ser un recurso fácil, se dejan de lado otros hábitos saludables, pero a priori más aburridos (reducir el consumo de carne, aumentar el de verduras y frutas, no fumar, etc.). 

LAS DIETAS (NO) MILAGROSAS

Entre estos falsos mitos relacionados con la alimentación, uno de los más extendidos, y la par uno de los más peligrosas, son las llamadas "dietas yo-yo". Esto se debe, a que además de ser perjudiciales para nuestro organismo, nos hacen creer que ciertos grupos de alimentos incrementan el sobrepeso, obligándonos a retirarlos de nuestra dieta. De esta forma, se produce un desequilibrio en nuestra alimentación.

Las nuevas dietas milagro (como la Dukan o la Atkins, por citar alguna) tienen la confianza de la gente porque son atajos, ya en el fondo nadie quiere cambiar su estilo de vida. Según los expertos, lo que has engordado en unos años no se puede quitar en unas pocas semanas, y que para adelgazar de una forma saludable, sería necesario emplear el mismo tiempo que nos llevó coger ese peso.

De hecho, la gran mayoría de la gente que sigue este tipo de dietas, al finalizarlas, coge más peso del que tenían inicialmente. Además, tiene un efecto secundario, ya que cuantas más dietas hagas, más fácil resulta ganar peso y más complicado perderlo.

Esto se debe al comportamiento del organismo, que durante la dieta, no sabe si la menor ingesta se debe a un acto voluntario o a una causa mayor. Por eso, al retomar a una alimentación normal, el organismo reacciona activando la acumulación de grasas y optimizar la supervivencia.

Pese a todo, la industria alimentaria es tan poderosa que es muy difícil no dejarse engañar por éstas dietas milagro, o por las promesas de los productos quemagrasas, que carecen totalmente de ésta función. El único quemagrasas efectivo es comer menos y hacer ejercicio físico. 

SIN BASE CIENTÍFICA

Volviendo al tema de los falsos mitos alimentarios, si nos paramos un minuto a pensar en ellos, no tardaremos en darnos cuenta que son absurdos de toda lógica. El problema es que muchos de estos mitos son el resultado de la búsqueda de un culpable barato, que nos exima de nuestra responsabilidad por el estilo de vida que llevamos. De esta forma, el eje del mal de la alimentación está formado, de manera muy poco justa, por la leche, los huevos, la sal, el azúcar, y sobre todo, las grasa. Sin embargo, todos son necesarios en cantidades apropiadas para una alimentación equilibrada

UN MAL EJEMPLO

La gran mayoría de estos mitos, casi universales hoy en día, tiene una mayor frecuencia y un mayor número de seguidores cuanto peor es la alimentación de una persona. Esta tendencia también puede extenderse a la alimentación de un país entero.

En este sentido, podemos destacar el caso de los Estados unidos, cuyo mercado alimentario está saturado de superalimentos, que tienen una gran aceptación por la población porque es una forma sencilla de dejar a un lado la culpabilidad por una dieta poco saludable.