La importancia del momento de la alimentación

Tan importante como elegir los ingredientes empleados en preparar nuestros alimentos o hacer estos sanos y equilibrados, hay que tener en cuenta el momento del día en que ingerimos cada uno de ellos, ya que no todos son igual de saludables en función de a que hora los tomemos.

Cronobiología y alimentación

Si nos referimos al concepto de cronobiología, estamos haciendo referencia a la ciencia que estudia los mecanismos por los que se producen los ritmos biológicos propios de nuestro cuerpo, siguiendo unas secuencias temporales previsibles. Por lo tanto, la cronobiología tiene un importante vínculo con la alimentación.

En este sentido, cabe destacar el papel fundamental que juegan las hormonas, ya que en función de en que momento del día nos encontremos, serán segregadas unas u otras. Además, la síntesis de las diferentes hormonas guarda una relación a que tipo de nutrientes se toma en cada momento.

Por lo tanto, existen una serie de factores y condicionantes que hacen necesario que la ingesta de alimentos se adecue al momento del día en que se realiza.

Es una norma común seguida por mucha gente, el hecho de no comer hidratos de carbono por la noche. Tiene una explicación relacionada con la insulina, la hormona que interviene en el metabolismo de los carbohidratos. La actividad y sensibilidad de dicha hormona es máxima durante el día, disminuyendo a medida que avanza la noche.

Además, los hidratos son una buena fuente de energía, por los que habrá que tomarlos durante el día ya que esa energía puede ser aprovechada, cosa que no ocurre en el caso de tomarlos en la cena.

Por la noche, se elegirán alimentos ricos en proteínas, que favorecen el incremento de los niveles de hormona del crecimiento. Además, los alimentos proteicos contribuyen a la liberación de melatonina, un neurotransmisor que nos ayuda a conciliar el sueño y a dormir mejor.

Teniendo en cuenta que el vínculo entre cronobiología y alimentación es muy estrecho, podemos ayudar a la salud del organismo teniendo en cuenta el momento del día para el que cocinamos.

¿Qué comemos hoy... y cuándo?

La sabiduría popular no está exenta de razón, y en este caso está totalmente en lo cierto. Ya lo dice el dicho: "desayuna como un rey, almuerza como un príncipe y cena como un mendigo". Siguiendo esto, hay que tomar un desayuno rico en hidratos, nutritivo y energético, para sacar al organismo del ayuno nocturno y obtener la energía necesaria para la actividad diaria.

En el caso de la comida o del almuerzo, hay que tener en cuenta que todavía queda bastante día por delante, y por ello, hace falta alimentos más o menos energéticos. Optaremos por ingredientes ricos en hidratos, como arroz, pastas, legumbres etc., complementándolos con proteínas y grasas en su justa medida.

Ya en la merienda, debes reducir el tamaño de las raciones y si bien puedes añadir ingredientes con hidratos, debes hacerlo en menor cantidad.

Finalmente, en la cena, hay que reducir al mínimo el aporte de hidratos, limitándolo a los aportados por frutas o verduras. Emplearemos carne o pescado, huevos, leche o derivados lácteos para preparar la última comida del día.

Así, recuerda que en las primeras horas del día debes concentrar la mayor cantidad de alimento así como las preparaciones con hidratos, dejando para la noche los ingredientes proteicos y una menor proporción de alimentos.