Comer pavo... Comer sano

La carne ha constituido un alimento básico en la dieta del hombre desde la antigüedad. Este hecho es debido a su aportación en proteínas, pero también aporta una gran cantidad micronutrientes esenciales.
En particular, la carne de pollo y pavo son las carnes que han experimentado mayor crecimiento dentro del sector cárnico. 

El pavo, llamado gallina de las Indias por los conquistadores españoles, es oriundo de México de la época de los aztecas, donde se le llamaba guajalote. Llegó a Europa procedente de este país en el primer tercio del siglo XVI a través de los jesuitas. De ahí que al pavo se le empezara a llamar, al principio, "jesuita". En aquella época se convirtió en símbolo de la exquisitez de la gastronomía que se reservaba a la monarquía y la alta sociedad, y un tiempo después, en protagonista de las comidas y cenas navideñas.
Los franceses muy aficionados a su carne lo llamaron dinde (de Indias). Los ingleses, lo llamaron ''turkey'', porque lo descubrieron el Turquía, y lo convirtieron en el plato clásico de la Navidad. Un jueves de noviembre de 1620, el pavo sirvió de sustento a los colonos del Mayflower a su llegada al actual estado de Massachusetts, en EE UU. Desde entonces, el pavo es protagonista gastronómico de una de las fiestas más tradicionales del país: el Día de Acción de Gracias, que se celebra cada año el último jueves de noviembre.

Este crecimiento del consumo de pavo es ocasionado por múltiples factores sociales y económicos, pero también se ha visto favorecido por las mejoras en los sistemas productivos y de la búsqueda por parte del consumidor de productos con un mayor carácter saludable, particularmente altos en proteínas y micronutrientes pero con baja proporción de grasas, siendo estas poco saturadas.
Estas características han hecho de la carne de pavo, una carne apta para el consumo en todo tipo de etapas de la vida y todo tipo de grupos poblacionales así como en dietas hipoalergenicas.

La carne de pavo tiene como componente mayoritario agua en un 75% aproximadamente. Le siguen las proteínas con alto valor biológico, dado su contenido en aminoácidos esenciales. El pavo es una carne magra, con menor concentración de grasa y de colesterol incluso que el pollo, especialmente cuando se consume sin piel donde reside una parte importante de la misma.
Aunque el músculo del animal vivo contiene una pequeña cantidad de hidratos de carbono en forma de glucógeno, éste se destruye en los procesos postmórtem del ave, de forma que la carne de pavo no contiene hidratos de carbono.
Con respecto a los micronutrientes el pavo es fuente de minerales entre los que destacan magnesio, zinc, potasio, fósforo y selenio. Sin embargo, el contenido de hierro en esta carne, aunque de alta biodisponibilidad; es cuantitativamente bajo, no alcanzando 1 mg por 100g de alimento.
Las principales vitaminas presentes son del grupo B, destacando la niacina, B6, B12. Y además, contiene pequeñas cantidades de ácido fólico y tan sólo trazas de vitaminas liposolubles.
Su bajo contenido en grasa (si se consume sin piel) y fácil digestibilidad convierten al pavo en un alimento apto y prometedor para muchas dietas terapeúticas, para cualquier tipo de dieta de adelgazamiento o alimentación dirigida a ancianos y niños.
Las actuales recomendaciones nutricionales, aconsejan el consumo de 3 a 4 raciones a la semana de carnes magras, alternando el consumo entre distintos tipos, entre los que está, sin duda, el pavo.

La composición nutricional del pavo se muestra en la tabla que se presenta a continuación:

Estas propiedades nutricionales hacen del pavo un alimento idóneo para consumir a lo largo de todo el año. Además se puede encontrar en el mercado de distintas formas para preparar distintos platos (fresco con verduras, asado o relleno de varios otros alimentos). Así su presentación es como pavo natural, ahumado, en jamón, bistec, pechuga de pavo, en paté, etc, lo que lo hace además de sano, atractivo al consumidor.