¿Qué hacemos con tantas fresas?

La fresa es una fruta muy completa, de buen sabor, jugosa, y además es muy saludable y se pueden hacer multitud de recetas con ellas. Su color rojo intenso hace que sea un reclamo para nuestros platos, pero al mismo tiempo, es una fruta muy estacional y de difícil conservación. Por tanto, en los meses de abundancia, es importante saber como conservarlas y disponer de varias opciones para su consumo, ya sea en fresco o cocinadas.

Es bastante fácil saber cuando una fresa esta en su punto de maduración, ya que en este punto presenta un color rojo intenso mientras que el pedúnculo tiene que estar de color verde y permanecer fijado al fruto.

Sin embargo, es una fruta muy delicada y se deteriora rápidamente, siendo necesario consumirlas pocos días después de comprarlas. La mejor manera de conservar las fresas en perfectas condiciones hasta que las consumamos es en el mismo envase donde las hayamos comprado, evitando manipulaciones innecesarias que pueden facilitar su deterioro. El sitio más adecuado será aquel alejado del sol y del exceso de humedad, y si la temperatura es elevada, no es desaconsejable meterlas en el frigorífico.

Para su consumo, es necesario limpiarlas, pero justo en el momento que se vayan a usar. Para ello, basta con darle un lavado con agua fría y aclararlas, y posteriormente retirar el pedúnculo. Es importante hacerlo siguiendo este orden, ya que en caso contrario el agua entrará al interior de la fresa.

Ideas para el consumo de las fresas

Como afirma el dicho, para gustos, colores. Las fresas pueden ser consumidas de muchas maneras, tanto directamente en fresco, ligeramente aliñadas o cocinadas.

La manera más sencilla es al natural, o bien añadiendo algo de azúcar. Si una vez hecho esto las dejamos macerando durante un rato, el líquido que la propia fruta suelta se mezclara con el azúcar formando una especia de almíbar que potenciará el sabor en conjunto, además de mejorar su capacidad de conservación. Opcionalmente, se pueden añadir unas gotitas de zumo de limón o vinagre.

Estas fresas, una vez maceradas, se pueden consumir tal cual, o bien mezclándolas con nata, yogur, zumo de naranja, etc., ya que ofrecen multitud de posibilidades.

Si nos adentramos en el mundo de la repostería, la fresa es una de las frutas más importantes, siendo empleada en gran cantidad de recetas y formatos: tartas, batidos, cremas, rellenos, pasteles, etc.

Pese a que las fresas dan mejores resultados si se consumen sin ningún tipo de tratamiento por calor, hay ciertas excepciones. Se puede preparar una salsa de acompañamiento de carnes con unas fresas troceadas y salteadas con mantequilla y azúcar moreno. Otro ejemplo claro de fresas cocinadas en la típica mermelada de fresa, mitad de azúcar y mitad de fruta, un poco de zumo de limón y al fuego hasta que adquiera una consistencia pastosa.

También son un ingrediente excelente en muchos tipos de ensaladas, ya que combinan a la perfección con alimentos intensos, como las salazones y los ahumados. Por ejemplo, podemos emplear como base de la ensalada la típica mezcla de ensalada primavera, con un poco de todo, añadir alguna perdiz escabechada y algo de queso, aliñando finalmente con una vinagreta con fresas marinadas. También es una buena opción como entrante, una rebanada de pan tostado con un trozo de rulo de queso de cabra, y una generosa cantidad de mermelada de fresa por encima. Se puede completar con algún pescado en salazón por encima, y quedará una mezcla de sabores intensos, dulce y salado a la vez.

Con todo lo expuesto en este texto, es una verdadera pena que las fresas se deterioren en nuestras casas.