II Intolerancia a la lactosa

La intolerancia a la lactosa es una afección intestinal causada por una deficiente producción de lactosa en el intestino, enzima necesario para el desdoble de la lactosa y por tanto necesario para su metabolismo.

Hay tres clases de intolerancia a la lactosa: ­

  • Hipolactasia congénita; el organismo no tiene capacidad de fabricar lactasa por un defecto de nacimiento y por tanto incurable. Es muy rara. Para evitar complicaciones en el desarrollo del bebé, es necesario prescribir una dieta estricta sin lactosa. ­
  • Primaria o hipolactasia adquirida; es genética, progresiva e incurable. Después del periodo de lactancia y de forma variable en el tiempo, se va perdiendo la capacidad de producción de lactasa, (debido a la ausencia del gen lactasa-persistente) y por tanto la capacidad de metabolización de lactosa. Es muy común en sociedades con poco hábito de consumo de lácteos tras el destete, como la asiática, africana o amerindia. Aproximadamente un 30% de la población mundial mantiene unos niveles de lactasa suficientes para mantener una correcta absorción de lactosa, aunque estos valores son muy variables por regiones, pues mientras la incidencia de déficit de lactosa en los suecos es de un 1%, en los tailandeses es del 98%, y en España se sitúa sobre el 15% de su población. ­
  • Secundaria; está provocada por un daño intestinal temporal en personas con actividad persistente de lactasa debido a otras causas (gastroenteritis infecciosas por virus o bacterias, ciertos antibióticos, radioterapia, celiaquía, ...) o bien por falta de exposición temporal a la lactosa. Desaparece cuando se eliminan las causas y se regenera la mucosa intestinal.

La sensibilidad a la lactosa es muy variable en cada individuo, pues depende de muchos factores: de la cantidad de enzima que se produzca, de la cantidad de lactosa que se consuma, de la edad, del estado de salud.

La sintomatología aparece tras el consumo de lácteos o derivados. La cantidad e intensidad de los síntomas depende de la sensibilidad individual, siendo un cuadro típico el dolor abdominal tipo cólico, distensión abdominal, flatulencia, diarrea, heces ácidas y a veces náuseas, vómitos o estreñimiento. Puede cursar con pérdida de peso, desnutrición y retraso del crecimiento en niños.

El diagnóstico se basa en la mejoría del paciente tras una dieta estricta sin lactosa.

Hay varios métodos para diagnosticar hipolactasia: ­

  • Test de hidrógeno espirado. Basado en el hecho de la liberación de hidrógeno al ser fermentada la lactosa no digerida por la flora intestinal, este hidrógeno es captado por el caudal sanguíneo y eliminado a través de la respiración. Consiste en tomar una solución con lactosa y analizar unas muestras aéreas recogidas tras soplar en unas bolsas herméticas a intervalos de 15 minutos. En función del aumento de hidrógeno expedido se determinará el grado de tolerancia. Es el método más usado. ­
  • Test de tolerancia a la lactosa. En él se mide la respuesta glucémica (nivel de glucemia en sangre) tras una sobrecarga de lactosa. Primero se mide la glucemia basal, tras ingerir una solución con lactosa se vuelve a medir la glucemia. Cuando no hay aumento de ésta y sí aparece el cuadro clínico, se deduce ausencia de lactasa. Es bastante inespecífica, pues ciertas enfermedades pueden invalidar el resultado (diabetes mellitus, síndrome de malabsorción, etc). ­
  • Biopsia del intestino delgado. Consiste en la extracción de una muestra de tejido del intestino delgado y el estudio de posibles alteraciones en él que puedan afectar a la metabolización de la lactosa. Se utiliza para confirmación del test de hidrógeno espirado positivo, ya que es muy invasivo, además, la actividad de lactasa de las muestras no tiene por qué ser representativa de la totalidad del intestino. ­
  • Test genético o Reacción en cadena de la polimerasa (PCR) del gen de la lactasa. Estudia la presencia de dos polimorfismos identificados en el gen MCM6, asociados con la no persistencia de la lactasa. Este test resulta cómodo para pacientes y personal sanitario, pues consume poco tiempo, no es agresivo, no provoca síntomas y sólo se necesita hacerlo una vez en la vida.

En muchos países, la intolerancia a la lactosa no supone inconveniente, pero en España y Europa la leche es un alimento básico. Prescindir de este alimento puede suponer déficit nutricional y carencias en micronutrientes como calcio, vitamina D (imprescindible para la absorción del calcio) y riboflavina (vitamina B2). Por consiguiente, los niños afectados pueden sufrir un retraso en el crecimiento.

Algunos estudios indican que existe una relación entre la intolerancia a la lactosa y la fibromialgia.

Las personas con más riesgo de sufrir intolerancia son:

  1. Adultos de regiones con poca cultura ganadera, en mayor medida de raza africana, asiática y nativos de América. ­
  2. Afectados de proceso gastrointestinal inflamatorio (gastroenteritis vírica o bacteriana, enfermedad de Crohn, colon irritable, síndrome de malabsorción, cirugía intestinal, ...)
  3. Tratados con quimioterapia, radioterapia abdominal, ciertos antibióticos ­ celíacos no diagnosticados o que no han recuperado la mucosa intestinal ­
  4. Los bebés prematuros a veces muestran intolerancia a la lactosa, no así los nacidos a término.