III Intolerancia a la lactosa

La intolerancia a la lactosa se produce cuando una persona no produce suficiente lactasa en su intestino, lo que impide una correcta digestión de la lactosa, azúcar contenido en la leche de origen animal.

Cuando la lactosa no es desdoblada en sus elementos más simples (glucosa y galactosa), pasa intacta al intestino grueso, aquí es utilizada como alimento por la microflora intestinal, produciendo elementos de desecho como el hidrógeno, anhídrido carbónico, metano y ácidos grasos de cadena corta que provocan los síntomas característicos de flatulencia, dolor y diarrea.

Como esta intolerancia no plantea una amenaza adicional para la salud, el tratamiento para estas personas es simple, consiste en minimizar la incidencia y la intensidad de los síntomas, como éstos son individualizados según el nivel de sensibilidad personal, el tratamiento también lo será, debiendo aprender mediante un proceso de ensayo y error; éste consiste en eliminar los lácteos de la dieta durante unos días e introducir de nuevo poco a poco para comprobar la tolerancia a la lactosa. En función de ésta podremos ingerir mayor o menor cantidad de leche y derivados.

Berdanier y Hargrove reconocieron cuatro principios generales:

  1. evitar la lactosa en la dieta
  2. sustituir para mantener el consumo de nutrientes
  3. regular el consumo de calcio
  4. usar un sustituto de la enzima

Los productos que causan más intolerancia son la leche y quesos sin curar, sobre todo desnatados y semidesnatados, pues contienen más concentración de lactosa, ya que es una molécula hidrosoluble, por lo tanto está disuelta en el suero y no en la grasa.

Además es sabido que las grasas retrasan el vaciado gástrico permitiendo así un mayor contacto entre lactosa y lactasa, ésto facilita el trabajo del enzima mejorando así el metabolismo láctico.

Por este mismo motivo se mejora la tolerancia cuando se consumen lácteos junto con otros alimentos, si además reducimos la cantidad de lactosa ingerida en una misma toma.

Los yogures y leches fermentadas se toleran mejor, pues contienen menos concentración de lactosa al haber sido ésta fermentada parcialmente por las bacterias lácticas.

Los quesos curados y mantequillas también son pobres en lactasa, pues se elimina a la vez que el suero.

Se ha demostrado que el consumo continuado de pequeñas cantidades de lactosa puede inducir un proceso de adaptación a ésta.

Si la intolerancia es alta, existen en el mercado productos lácteos pobres o libres de lactosa (leche, yogures, helados, etc) o bien bebidas fabricadas a base de vegetales como leche de soja, almendras, avena, arroz que no contienen lactosa. En los países nórdicos existen desde hace tiempo productos HYLA (hydrolysed lactose). Son productos fabricados con leche de vaca bajos en lactosa que usan un método de separación cromatográfica para eliminarla.

Si no se puede o no se quiere prescindir de la ingesta de lácteos, se pueden utilizar suplementos industriales del enzima galactosidasa en tabletas, que se toman cada vez que se consume lactosa, pues su efecto es inmediato. Para establecer la dosis individual es necesario recurrir también al proceso de ensayo y error.

También existen enzimas de origen industrial que se utilizan en el tratamiento directo de la leche, provocando la hidrólisis de la lactasa antes de que la ingiramos.

La ausencia de productos lácteos en nuestra dieta puede derivar en déficit nutricional. Para evitarlo deberemos sustituir las proteínas lácteas por otras de alto valor biológico, como son las de carnes, pescados y huevos.

Es importante realizar una dieta variada, que incluya productos ricos en micronutrientes, sobre todo Calcio, vit D, Riboflavina (o vit B2), así como vit A. Se debe evitar el uso de complementos vitamínicos ya que un uso inapropiado de éstos puede ser perjudicial.

Fuentes alimentarias alternativas pueden ser: ­

  • Calcio: Sardinas y anchoas en conserva con las espinas incluidas, tofu, soja, garbanzos, judías, gambas, almejas, cardo, col rizada, espinacas, almendras, avellanas, pistachos, semillas de sésamo, frutas deshidratadas, algas (wakame, nori, kombu), yema de huevo. Si bien el balance cálcico (o sea, el calcio que se absorbe menos el calcio que se elimina) puede estar influido por varios factores:
    • Positivos: vitamina D, potasio
    • Negativos: proteína animal, sodio, cafeína y oxalatos
    • los alimentos ideales son aquellos ricos en calcio y que también reduzcan la pérdida del mismo. Vegetales de hoja verde como la col rizada y las berzas son los mejores ejemplos. ­
  • Vitamina D: Aunque la crea el propio organismo cuando se expone al sol, una fuente importante es el hígado de bacalao, la yema de huevo, pescados azules. ­
  • Riboflavina: carne, huevos, legumbres, champiñón, nueces y algas. ­
  • Vitamina A: hígado, huevos y todos los productos vegetales de color intenso ­
  • (zanahoria, brócoli, col, espinaca, calabaza, …).

Para finalizar debemos recordar que un adecuado estado de salud se consigue con una dieta variada y equilibrada a nuestras necesidades, y unos hábitos saludables que incluyan la práctica regular de ejercicio moderado.