Mitos de la enfermedad celíaca.

Mundo Sabor colabora con un amplio número de instituciones y asociaciones relacionadas con la alimentación. Una de ellas es la Asociación de Celíacos y Sensibles al Gluten de Madrid. Gracias a esta colaboración, nos permite conocer de primera mano toda la información y las novedades relacionadas con la enfermedad celíaca. Uno de sus investigadores, Juan Ignacio Serrano Vela, Doctor en Biología ha escrito un artículo para Mundo Sabor sobre la enfermedad celíaca hoy y los mitos que la rodean.

En 2012, la Sociedad Europea de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica (ESPGHAN, European Society for Pediatric Gastroenterology, Hepatology and Nutrition) publicó una nueva definición de la enfermedad celíaca en un amplio documento elaborado por un grupo de expertos en el que además se repasan sus características clínicas y se presentan las pruebas diagnósticas y protocolos recomendados en la actualidad. Aquí destacamos las principales novedades y aprovechamos para actualizar conceptos y aclaramos otros que suelen inducir a error.

La definición más antigua conocida de la enfermedad celíaca fue escrita en el siglo II antes de Cristo por el médico griego Arateo de Capadocia, quien describía un cuadro clínico malabsortivo acompañado de desnutrición en niños. No obstante, ha sido a lo largo del siglo XX cuando más y mejor se ha definido esta enfermedad, su diagnóstico y su tratamiento, especialmente desde que en la década de 1950 el pediatra holandés Willem K. Dicke identificó el gluten como agente desencadenante del problema. A pesar de ello, en los últimos años ha recibido un nuevo impulso y ha cambiado la definición de la enfermedad y se han actualizado los protocolos de diagnóstico.

Según la nueva definición, la enfermedad celíaca es un desorden sistémico con base inmunológica causado por el consumo de gluten que afecta a personas con predisposición genética. Se caracteriza por la aparición de una combinación variable de síntomas dependientes de gluten, elevación de anticuerpos antitransglutaminasa en sangre, lesión intestinal y presencia de las variantes HLA de riesgo DQ2 y/o DQ8.

La enfermedad celíaca NO es una intolerancia alimentaria

Tradicionalmente hemos definido la enfermedad celíaca como una intolerancia permanente al gluten. En parte es debido a que el término “intolerancia” se emplea de manera muy laxa para aludir a problemas digestivos asociados al consumo de alimentos. Sin embargo, las intolerancias alimentarias no implican reacciones adversas del sistema inmunológico, como sí ocurre en la enfermedad celíaca. Por tanto, siendo estrictos, la enfermedad celíaca no debe ser considerada una intolerancia alimentaria al tener una base inmunológica, tal como indica su nueva definición. Esta matización se puede hacer extensiva a las alergias alimentarias, que también son debidas a reacciones adversas del sistema inmunológico, aunque diferentes de la enfermedad celíaca: en ésta se activan mecanismos autoinmunitarios y en las alergias mecanismos alérgicos mediados por inmunoglobulina E (IgE).

La enfermedad celíaca NO es una enfermedad exclusivamente intestinal

La definición actual de la enfermedad celíaca comienza diciendo que se trata de un desorden sistémico. Esto significa que cualquier función del organismo puede verse afectada por el consumo de gluten. De hecho, en muchos pacientes prácticamente no hay manifestaciones clínicas digestivas, o éstas son muy leves, y en cambio predominan problemas de otro tipo: dermatológicos, osteomusculares, reumáticos, endocrinos, autoinmunes, reproductivos, neurológicos o psiquiátricos.

La enfermedad celíaca NO es una enfermedad exclusivamente infantil

La antigua creencia de que la enfermedad celíaca provocaba diarreas, vómitos, dolor de tripa, distensión abdominal y malnutrición llevaba a pensar que se trataba de una enfermedad pediátrica, al ser éstas manifestaciones clínicas más propias de la infancia, aunque no se dan en todos los casos. Sin embargo, su carácter sistémico ha permitido identificar casos en todas las edades, y de hecho a día de hoy se diagnostican más pacientes en edad adulta que pediátrica.

Los anticuerpos antitransglutaminasa negativos NO siempre descartan la enfermedad

Hasta hace no muchos años se consideraba imprescindible mostrar valores positivos de anticuerpos antitransglutaminasa en sangre para realizar una biopsia del duodeno y verificar así si un paciente es celíaco o no. Ahora ya se asume que un porcentaje no desdeñable de pacientes celíacos muestran valores negativos de estos anticuerpos, pese a seguirse considerando un rasgo distintivo de esta enfermedad en su nueva definición. Por este motivo, está recomendado hacer biopsia intestinal, aún siendo negativos los anticuerpos, si existe suficiente sospecha de enfermedad celíaca en base a la sintomatología, existencia de enfermedades asociadas o historia familiar, lo cual debe ser valorado por el especialista de digestivo.

La ausencia de atrofia de vellosidades NO siempre descarta la enfermedad

Clásicamente, el rasgo definitorio de la enfermedad celíaca ha sido la atrofia de las vellosidades intestinales observadas en las biopsias obtenidas del duodeno, lo que se corresponde con la lesión tipo 3 de Marsh. Sin embargo, la definición actual de la enfermedad no habla de “atrofia”, sino de “lesión intestinal” o “enteropatía”, ya que hay alteraciones de la mucosa duodenal que pueden ser provocadas por el gluten y no muestran dicha atrofia. Concretamente, la lesión tipo 1 de Marsh, denominada enteritis linfocítica o linfocitosis intraepitelial, es una lesión inflamatoria sin atrofia caracterizada por un aumento significativo de un tipo de glóbulos blancos conocidos como linfocitos T intraepiteliales; en condiciones normales hay menos de 15 de estos linfocitos por cada 100 células intestinales (enterocitos) y en condiciones patológicas ese número supera los 25.

La observación de esta lesión en la biopsia obliga a descartar otras posibles causas, como la infección por la bacteria Helicobacter pylori en el estómago, la presencia de parásitos en el intestino, la existencia de alguna alergia alimentaria, el sobrecrecimiento bacteriano o el consumo de ciertos medicamentos.

Los pacientes que presentan este tipo de lesión suelen mostrar valores negativos de anticuerpos antitransglutaminasa en sangre, por lo que el diagnóstico de enfermedad celíaca resulta controvertido y roza los límites con la denominada sensibilidad al gluten no celíaca. El resultado positivo en el estudio genético y una buena recuperación sintomática con la dieta sin gluten ayudarían a afianzar el diagnóstico.

En algunos casos, ya NO es necesario realizar la biopsia para diagnosticar la enfermedad

La nueva guía de diagnóstico propuesta por la ESPGHAN contempla la posibilidad de diagnosticar la enfermedad celíaca sin biopsia en niños y adolescentes que cumplan los siguientes 4 requisitos:

  1. Síntomas compatibles con la enfermedad celíaca.
  2. Valores de anticuerpos IgA antitransglutaminasa 10 veces superiores al valor normal.
  3. Valores de anticuerpos IgA antiendomisio positivos.
  4. Presencia de al menos una de las dos variantes HLA de riesgo (DQ2 o DQ8).

En grupos de riesgo, primero el estudio genético

El control en los grupos de riesgo (familiares del celíaco o pacientes con patologías asociadas) se recomienda en primer lugar realizar el estudio genético HLA si está disponible. Si es negativo, no es necesario ningún control adicional. Si es positivo, o bien si no se realiza, es necesario el análisis periódico de anticuerpos antitransglutaminasa en sangre cada 2-3 años aunque no existan síntomas. Este análisis lo solicitará el pediatra o el médico de Atención Primaria. En estos casos se realizará la biopsia cuando los anticuerpos sean positivos (aunque no haya síntomas) o bien cuando, siendo negativos, existan suficientes síntomas de sospecha.