El oído a la hora de comer

¿Nunca le habías dado importancia al oído a la hora de comer?

Ya sabemos que la sensorialidad de las personas se ve afectada por diferentes factores, y también que se conoce el trabajo conjunto de todos los sentidos, la suma de todos ellos es la que nos da la realidad, además, existen muchas realidades, pero nosotros sólo vemos la que nos interpreta nuestro cerebro.

En ese trabajo conjunto de los sentidos para proporcionarnos una realidad, nuestra realidad, la vista manda sobre el oído. En ocasiones, podemos oír una palabra, o oír como se pronuncia una sílaba; cómo percibamos ese sonido, la realidad de él, que interprete nuestro cerebro, puede variar en función de si percibimos algo con nuestra vista relacionado con ese sonido, o si no. Esto es así, porque la vista manda sobre el oído.

Las ondas cerebrales que nuestro cerebro tiene que interpretar, son diferentes al oír una música u otra, y esto, hace que varíe incluso nuestra percepción de lo dulce, salado, ácido, amargo...

Hay expertos que aseguran que a cada plato, a cada alimento se le puede aconsejar una melodía, ya que está comprobado que el ambiente influye en como percibimos los sabores.

El vino ha sido objeto de estudio por la Universidad de Oxford para confirmar esta última teoría, y han deducido cosas tales como que para saborear un Chardonnay como debe ser, la melodía que debería sonar es el tema "What´s love got to do with it" de Tina Turner.

¿Quiéres saber a qué saben los sonidos?

El sonido puede servir en los procesos culinarios para cosas como detectar el momento de cocción, ver en qué punto está una salsa... Por el oído podemos percibir cosas como si una manzana es crujiente o blanda.

Además, en la sala dónde se va a comer estamos influenciados por el ambiente, no sólo por la compañía, sino también por la vista y el oído.

Esto que puede parecer tan insignificante, incluso puede haber alguien que no crea en ello, puede generar alteraciones en nuestro cerebro, puede generar una digresión, es decir, el cerebro se da cuenta de que algo no concuerda.

Esto puede entenderse con los siguientes ejemplos. Imagínate comiéndote un pescado que te acaban de cocinar, y estás mirando al mar, oyendo el sonido de las olas... este pescado, inevitablemente te sabrá así mucho mejor, que si te lo ponen en un bar bullicioso lleno de gente y al lado de una carretera por donde no dejan de pasar camiones.

La universidad de Oxford comprobó incluso que a comensales que están masticando algo blando, al oír el sonido de una copa de cristal al romperse, se les paralizan las mandíbulas, debido todo esto, a la digresión que sufre el cerebro por masticar blando y oír algo "crujiente" como pueden ser los cristales rompiéndose.

¿Sabéis además que una patata frita se percibe más crujiente, y por tanto gusta más, si se está escuchando sonido cuando se mastica? Esto es así porque el sonido exterior multiplica el sonido crujiente en nuestro cerebro.

Todo esto, pueden parecer estudios sociológicos que no llevan a nada, pero la industria alimentaria toma muy buena nota de todos ellos, y encontrarnos en el mercado cosas como los envases multisensoriales y los menús musicales en los restaurantes, son algo que veremos en un futuro muy cercano. De echo, no está tan lejos, por ejemplo, las latas de refresco, están ya pensadas para que al abrirlas, sientas, sin probarla, que se trata de un refresco con gas, y piensa... ¡eso sólo lo percibes con el oído!

Lo mismo ocurre con las bolsas de patatas fritas, aunque no lo hayas pensado nunca, el sonido de abrir una bolsa de patatas te está predisponiendo a que lo que vas a comer sea crujiente.

¿No le vas a dar importancia al oído a la hora de comer?